Antiguamente, en la costa bañada por la luz dorada del Mediterráneo, se fundó una residencia palaciega de singular porte y encanto, con jardines amplios, fuentes y espacios que parecían susurrar historias de otro tiempo. Esta casa, destacada por revistas y crónicas de sociedad por su elegancia y presencia en la jet set de aquellos años, se convirtió en un símbolo de la vida sofisticada que floreció en Marbella cuando la ciudad comenzó a brillar como destino internacional.